“Oh...ooo. Oh...ooo. Oh...ooo”. Este curioso sonido sale de la boca de Antonio Ponce Limón, un ganadero en la zona del Andévalo de Huelva. Se pasea por una dehesa haciendo este ruido para atraer a un grupo de cerdos ibéricos. “Los animales lo conocen y vienen”, cuenta, “son asustadizos, pero en el fondo, muy curiosos”. Ponce llevaba un rato buscando a los puercos, pues la piara recorre a su antojo la propiedad, hozando el terreno en busca de bellotas. Este fruto es el alimento principal de los cerdos ibéricos, negros y de patas alargadas, una especie genuina del suroeste peninsular y origen de tesoros gatronómicos como el jamón ibérico de bellota. La estampa del ganadero rodeado de animales es idílica y bucólica, pero Ponce Limón lleva un tiempo preocupado: “Hace cuatro o cinco años comenzaron unos brotes de seca muy agresivos”, explica. La seca es el nombre que le han dado a los efectos que produce Phytophthora cinnamomi, un pseudohongo que ataca a las raíces de los árboles. En pocos meses, en ocasiones en días, es capaz de secar completamente un ejemplar de centenares de años y aunque afecta a muchas especies arbóreas, es especialmente agresivo con la familia de las encinas (con los Quercus).

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»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»» Fuente: Portada de EL PAÍS