En el frontis de El pintor de almas, el autor dedica el libro a los enfermos de cáncer y a quienes tienen que “cuidarlos y aguantarlos”. Falcones fue diagnosticado de la enfermedad durante el proceso de escritura, que compaginó con los duros tratamientos y sus secuelas. Nos vimos hace un par de semanas en los salones de un lujoso hotel de Madrid. Pese a conocer sus circunstancias, choca de primeras su aspecto, bastante más frágil que en las fotos; y su voz, bastante más reposada que la usualmente entusiasta cháchara del autor en promoción tipo. Quizá es que la bolsa y la vida adquieren otra dimensión en su caso.

Seguir leyendo.

»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»» Fuente: Portada de EL PAÍS