El juez iraquí Raid al Mosleh abre su ordenador portátil y aparece el vídeo de una niña yazidí de nueve años, comprada por un emir de 60. Fue detenida en 2017 junto a un grupo de mujeres extranjeras unidas en diversas etapas al Estado Islámico (ISIS). Quiso ocultar su identidad porque pensó que la tratarían mejor, pero al final explicó su historia. Al Mosleh, presidente la Corte Penal de Nínive, dentro de la actual Mosul, y experto en la lucha antiterrorista, se ocupó del caso hasta que la chica regresó a su hogar. “Sus padres murieron, y encontramos a un tío con el que pudo volver, pero hay todavía 2.500 mujeres de su comunidad desaparecidas”. Otro clic al teclado, y se ve una ejecución en masa. Tras las ráfagas de pistola y con las víctimas ensangrentadas en la pantalla, el jurista califica a los verdugos de “máquinas de matar imposibles de rehabilitar”. Por eso justifica la pena de muerte, contemplada en las leyes islámicas de su país. 

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»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»» Fuente: Portada de EL PAÍS